15 de julio de 2018

Final de la Copa mundial de fútbol 2018

Cause we are this
And also the other
En este juego viste
Enfrentados estos símbolos:
Croacia, un país nuevo
Sangrando una posguerra
En este ultramoderno moderno siglo XXI. Y Francia
Con un equipo en su mayoría
De raíces africanas
Antiguos conquistados  inmigrantes  citoyens

Cause we are this 
Open your eyes to this  Este es el mundo
De hoy: hemos dejado
De pensar la realidad plana o lineal o en blanco y negro
(Y mira, mira bien: hemos dejado de pensarlo
Porque la vida, comenzando
Por esta vida que somos
Comenzando por las células que nos componen, compuestas
Por órganos que una vez fueron otros seres, bacterias)
Esta vida siempre ha sido un tejido
De todísimos los colores
Hilos
Del largo de los jardines de las galaxias

La vida siempre ha sido tan distinta
De tantas cosas que habíamos pensado
Mira por ejemplo a esa bióloga inglesa, Lynn Margulis, que nos mostró que la evolución sucede
No por competición, sino
Por cooperación
Cause we
Reinos idiomas canciones danzas
De raíces y ramas entrecruzadas. Si el fútbol
Alguna vez ha unido, hecho pensar o transformado al mundo
Ha sido ahora
The doors of perception have always been wide open
The doors of perception have always been
Nosotros
Cause we
This all, this whole, this everything
This cada cosa 
El mundo de hoy es todo el mundo
Este rostro que te cruzas en la calle
Ahora
Todas las cosas

15 de julio de 2018

5 de julio de 2018

1 de abril de 2018

Autobiografía 1

Esta semana terminé de escribir mi primera autobiografía. La hice como parte de las prácticas básicas de escritura que Julia Cameron sugiere al final de su libro The Right to Write. Allí Cameron propone escribir nuestra autobiografía para valorar nuestras experiencias de vida: valorarlas porque esas son las que hemos vivido, y también verlas como material de escritura, de nuestra autobiografía primero, y de otros textos luego, si nos surgiera escribir a partir de ellas. Para mí, es un ejercicio para echar raíces en nosotros mismos.
La autora propone escribir la autobiografía así: se escribirá en doce semanas; se divide la edad de uno entre doce, y el resultado es el número de años que uno abarcará por semana. En mi caso, aproximando, cada semana escribí sobre periodos de tres años: de 0 a 3 años, de 3 a 6, y así, hasta el presente. (¿Qué viví yo entre los 0 y los 3 años? En toda mi vida no había pensado en algo así. Aquí pude hacerlo, y escribir sobre eso). Por último, Cameron sugiere hacer este ejercicio cada 5 años.
¿El resultado? Para mí, asombro puro.
De repente, sólo por pensar que una semana iba a escribir sobre tal época, recuperé un mar de recuerdos y pensamientos, y tuve palabras para nombrar años enteros de mi vida que se me habían quedado en imágenes dispersas o difusas, o que simplemente ni me acordaba que estaban allí. De repente, es como si lo pudiera ver todo: como si tuviera frente a mí todos los sucesos y hechos de mi vida y, quizás más importante que eso, también la capacidad para moverme de unos a otros: para explorar alguno en particular, y para ver, observar, comprender (a mí y a otros que estén allí) y, en muchos casos, aceptar. 
En términos prácticos, escribir las entradas de la autobiografía no toma mucho tiempo. Yo me puse como meta escribir como mínimo un recuerdo al día. Hubo días que escribí más, de corrido o en distintos momentos del día; días en que sólo escribí un par de líneas (tal vez un párrafo de unas diez líneas, que es mi mínimo básico) y días en que no escribí. Y no hubo problema con eso; fue como un diario: lo preferible sería escribir todos los días, pero alguna vez no escribimos un día, y no pasa nada.
Y escribí en un cuaderno especial: un Hispasa/Conapa estrecho rayado de 70 hojas, distinto a los que hay ahora. Este me lo regaló mi amiga Deledda Funes, que tuvo una papelería y allí lo tenía guardado. Y supe qué tanto era una reliquia cuando Efraín Rivera Caravantes lo vio un día y me dijo: “¿Dónde lo conseguiste? De estos ya no hay”. Yo lo que sé es que es un formato precioso, portable y que permite una mancha de escritura estrecha y márgenes anchos, ¡como un libro!

El cuaderno de la autobiografía, comparado con un cuaderno rayado número 3 convencional.

Mancha de escritura posible aquí. ¡Esto es bellísimo!

Así, esta semana terminé este texto, y también un poemario nuevo. ¡Estoy tan contento con ambas cosas! Este poemario, al igual que los anteriores, me hizo hacer todo un viaje. Y sé bien que escribir la biografía influyó en el poemario y el poemario en la biografía. Me siento a ver la tarde del Domingo de Resurrección (me gusta el día como un símbolo enorme de renovación) y me siento libre, fresco, con espacio. Con ganas de hacer cosas nuevas.



Los invito a que prueben esta experiencia. Sentirán todos los aspectos de un proceso de escritura: el asombro, la resistencia a escribir (que se vence sin mayor complicación: poniéndose a escribir); la libertad de escribir por el simple hecho de hacerlo, sin tener que hacerlo “bien”; la sensación de continuidad de una narración: seguir hoy desde donde nos quedamos ayer, sentir que estamos haciendo un relato largo y que vamos desarrollando una trama… Y un largo etcétera.
Pero sobre todo, quien se anime a escribir su autobiografía, o a comenzar cualquier otro proyecto de escritura (o a retomar algo que tenga. Siempre es una buena ocasión), sentirá el gozo de escribir, el gozo de estar haciendo algo que le gusta, algo que quiere hacer, algo porque sí. El gozo de ser creativo, que es parte de todos nosotros y que siempre se siente tan bien, indescriptiblemente bien.

19 de marzo de 2018

Día de la Poesía

El 21 de marzo se celebra el Día Mundial de la Poesía. Pues bien, yo quiero comenzar a celebrarlo desde hoy.
Y quisiera hacerlo compartiendo un texto. Este ha resultado de un taller de escritura organizado por Kalina Editorial y el MARTE.
La idea del taller es escoger una pieza del museo, encontrar una pieza que nos hable, y escribir sobre ella o a partir de ella. Es un taller de écfrasis, un término de origen griego que podemos entender como "responder con palabras a una imagen". Esta forma de escribir es tan antigua como el arte mismo, y es algo que ocurre de manera natural: un cruce de artes. Las obras de otro arte nos detonan a escribir sobre ellas o sus temas, o simplemente nos lanzan a escribir. Muchísimas obras de todas las artes han resultado de este chispazo.
Entonces, quisiera compartir mi texto del taller.
Esta fecha es un día excelente para compartir y hacer poesía, y yo invito a quien lea esto a releer poemas que le gusten, a buscar poesía si no recuerda o no conoce, a compartir en sus redes poemas o fragmentos; a escribir, a escribir si eso surge y a hablar de algo que sea importante para ustedes. Incluso si sólo lo escriben para ustedes, díganlo, es importante, escríbanlo. Poesía significa creación, y yo invito a recordar ese sabor, esa sensación, esa experiencia de magia, fuerza y asombro de que estamos vivos y siempre somos capaces de crear.




UN RECORDATORIO DEL MISTERIO
Mario Zetino

Ante el Encendedor con sangre, de Ernesto Bautista


Vengo al MARTE para ver
su nueva exposición permanente:
arte contemporáneo salvadoreño.
Y
lo que siento
al entrar a la gran sala
es angustia.

Me siento como Leeloo, la personificación de la divinidad en El quinto elemento, cuando se pone a absorber el contenido de una enciclopedia ilustrada para conocer más a la humanidad, y, al llegar a la palabra guerra, ve el siglo XX: las dos guerras mundiales, la bomba atómica, Vietman; supongo que las dictaduras de Latinoamérica, supongo que la guerra de El Salvador… Ella colapsa, se enferma de tristeza, y la vida del universo que ella representa queda en riesgo de morir. Algo como ella me siento cuando entro a esta sala.

Pues lo que se presenta ante mis ojos
es un espejo de la destrucción,
del sinsentido.
Hay testimonios conmovedores de esa guerra que nos tocó
y palabras e imágenes de este tiempo de asombro e incertidumbre;
pero también, pero también,
tanto que no comprendo y me repele.
Hay ruido,
ruido,
ruido de voces confundidas que se escucha desde el vestíbulo
y hace pensar en lo que Dante y Virgilio habrían escuchado
al acercarse a las inmensas puertas…

Eso siento yo aquí.
Pierdo mi centro y mis raíces.
Mi sensación de ser un ser que pertenece a esta tierra
y que puede sonreír.
¿Esto somos?
Vamos, yo sé bien
que el arte es un espejo y que si yo veo esto
es porque esto de algún modo también está en mí,
vive en mí. Y sin embargo
Yo aquí pierdo mis palabras, e intento
recordarme, recordarme que respiro,
que estoy vivo y tengo sueños,
que creo en el amor, en la belleza y en lo noble.

Y en medio de este caos y aire denso y locura,
llego ante tu encendedor con sangre, amigo Ernesto,
y
—esto ya es demasiado, todo esto me rebasa—
yo dejo de pelearme con si es arte o no es arte.
Somos
tan sólo gente
que está dando sus ideas,
y si a través de tu idea no puedo verte, Ernesto,
entonces la guerra en medio de la que nací
también la causé yo.

No me interesa tener razón esta vez,
ni ninguna otra vez ya.
Somos
y eso me basta.

Porque ¿quién soy yo para conocer todas y cada una de las ideas que una sola persona de este mundo tiene en su cabeza
para decir su mundo?
Porque ¿quién soy yo para juzgar o declarar
lo “universalmente válido”?

Mucho más me atrae pintar una y otra vez
acuarelas del amanecer
para decir que esto hay en el alma,
aquí y en la persona más lejana del mundo,
y que desde esta luz, desde esta visión,
podemos construir, crear de nuevo.

Porque llega en el instante en que lo puramente humano,
esa cosa indefinible detrás y más allá
de todo signo y símbolo y acto y pensamiento,
se hace presente aquí, debe hacerse presente,
si aspiramos a la reconciliación o a respirar por una sola vez en nuestras vidas
en paz,
respirar en paz
contigo que me lees, seas quien seas,
y conmigo.

Muy pocas cosas de tu arte las entiendo o siquiera alcanzo a sentirlas,
querido amigo Ernesto,
pero si esta exposición y esta pieza y encontrarte aquí han sido para que yo alcance a pensar y a decir esto, para que alcance a darme cuenta
de que estamos vivos y de que sólo eso ya es un prodigio, y un prodigio mucho mayor con este mundo en caos y con el cuchillo al cuello el pobre,
el pobre mundo, y el pobre mundo que es cada uno de nosotros;
si esta exposición y esta pieza tuya aquí y encontrarte de nuevo,
después de años y años,
sentado frente a la máquina de escribir en la que yo había estado escribiendo poemas todo un domingo;
si todo eso ha sido para que yo piense y diga y
entienda
un grano de arena de todo esto,
perfecto,
mi querido amigo Ernesto.
Totalmente
perfecto.

Yo, con todo lo que puedo,   
acepto el misterio.
Aquí estamos sin fin.


9-18 marzo 2018



*Imagen tomada de: https://www.asikseru.com/cara-mengedit-tulisan-korek-api-atau/

7 de marzo de 2018

Una tarde con los autores de ConTextos


Hace dos semanas fui invitado por ConTextos a un conversatorio con participantes de uno de sus talleres de escritura creativa, y quisiera compartir algunas de mis impresiones. (Me he tardado en publicar esta nota, pero no quería dejar de hacerlo).

El taller de escritura es parte del programa Soy Autor que desarrolla esta ONG, y se llevó a cabo en uno de los Centros de Alcance de Apopa entre noviembre del año pasado y febrero de este año. Su objetivo es que los participantes experimenten el proceso de escritura y escriban una memoir: una narración de una experiencia de sus vidas.

El grupo estaba formado por unos diez participantes, jóvenes de la comunidad entre los 10 y los 17 años. Era, como puede verse, un grupo variado en experiencias e intereses, y también inclusivo, pues había dos muchachos con algunos problemas de habla, ¡pero sólo de habla!, pues chistaban como todo mundo, y uno de ellos andaba allí jugando basketball. Un grupo de trabajo muy interesante, pues.

La sesión a la que asistí era la sesión final del taller. Todos habían escrito ya su historia, la habían ilustrado (algunos con ilustraciones propias, a mano) y ese día estaban trabajando en los últimos detalles: elegir la ilustración de la portada y la disposición de la imagen y el texto en ella, dibujar un símbolo propio para las guardas, revisar algún punto específico que la facilitadora señalara. Era la sesión final, pero una sesión de trabajo en regla: de escribir, dibujar, componer, discutir, revisar…

Pero eso no quiere decir que el ambiente fuera serio; por el contrario, era de celebración. La sesión final de estos talleres incluye la celebración por el trabajo terminado, y antes de que los participantes pusieran manos a la obra, compartimos pizza, pastel y plática.

Aquí se me pidió que contara cómo había llegado a ser un autor y cómo es la vida de un escritor. Y mientras respondía, pasé ejemplares de mis libros publicados para que el grupo los viera, y me sentí muy satisfecho de que más de alguno no sólo hojeó algún libro, sino que se tardó en pasarlo, se detuvo en una página, y luego en otra…

Y yo conté mi historia y mi experiencia: cómo comencé a escribir a los 15 años, y cómo entiendo y practico la escritura como algo cotidiano, como algo que hago a diario. Hablar de estas cosas siempre es chivo, y más con gente así, con quienes empiezan. Esta gente y estas pláticas me dejan una sensación de maravilla.

Y ellos preguntaron. Uno de los muchachos, por ejemplo, me preguntó cuál era el texto más loco que había escrito. Yo le respondí contando la historia detrás de uno de mis poemas, y así, sin darme cuenta, había compartido algo muy mío: le había contado una de mis historias a un grupo de autores que habían escrito sus historias.

También, en la despedida, una muchacha me dijo que ella soñaba con ser escritora algún día, que ya había escrito el texto del taller y además llevaba un diario, pero que a veces pensaba que era algo muy difícil, que ella tal vez no tenía lo necesario, que la vida allí es muy difícil y que para qué, que tal vez no valía la pena que ella estuviera soñando con eso; pero que, al oírme, yo la había inspirado, y que veía que sí se podía. Y yo le dije que claro que sí se puede, que para ser escritor lo necesario es escribir; que siguiera, que todo lo demás surge de y viene después de escribir. Yo creo en que las cosas son así, y me conmovió que lo que yo conté animara así a alguien.

Esta muchacha había dicho cuando me presentaron en la mesa: “¡No sabía que estaba sentada a la par de un escritor de verdad!”. “Bueno”, contesté yo, “yo estoy sentado en un círculo de escritores”. Y así es como yo veo las cosas y se las ando contando a todo el que puedo: que la escritura es propiedad y patrimonio de todos; que es una forma de ser creativos (una de las muchísimas formas de ser creativos) y que todos, por el hecho de ser humanos, somos creativos: todos tenemos la capacidad y el impulso de crear. Así, quien se pone a escribir está siendo escritor. Y se puede, y se debe, escribir muchísimas cosas: cartas de amistad y de amor y formales; correos y notas de todo tipo; poemas y novelas y textos técnicos; artículos para periódicos y revistas y artículos científicos; posts de blogs y de Facebook; aforismos, twits y memes; buenos hermosos y disfrutables chats. Y un larguísimo etc.

¿Cómo se hace todo eso? Todo, todo eso lo hacen escritores: personas que se ponen a escribir, personas que escriben para sí o para otros, y cuyos textos tienen un efecto innegable en la vida propia y en la de los demás, incluso en la de una sola persona.

ConTextos, una ONG creada en el país en el 2011, motiva a la lectura y enseña escritura creativa para fomentar la curiosidad, el pensamiento crítico, el diálogo y las habilidades para resolver problemas. Su programa Soy Autor ha sido desarrollado en escuelas y centros penales, y en esta ocasión, en Centros de Alcance: es decir, se ha ampliado hacia la comunidad. A los participantes de este taller, sus facilitadores los llaman autores, y con mucha propiedad. Son personas que se han animado y atrevido a contar sus propias historias, a compartir y trabajar con otros en la creación de textos, a conocer sus propias palabras y a seguir diciéndolas, escribiéndolas. 

***

Invito a conocer más de ConTextos y de cómo se los puede apoyar visitando su página web (http://www.contextos.org/es/) y su página de Facebook. Su trabajo vale muchísimo.

*Imagen tomada de la página de Facebook de ConTextos.

18 de febrero de 2018

No doubt, you've been with me

Este es uno de esos días en los que escribo un poema y quiero publicarlo.


Wish On A Star, de Janelle Scheider*


NO DOUBT, YOU'VE BEEN WITH ME
Mario Zetino


Y el universo ha estado conmigo
en cada paso de mi camino
incluso
cuando yo no fui yo
incluso
cuando creí haber sido expulsado con una espada de fuego
del jardín con ríos de mi corazón.

Y el universo ha estado conmigo
sin importar la niebla o la ceguera
sin importar
que yo rechazara su mano gritándole
"¡No quiero! ¡No quiero!"
y me lanzara a correr bajo la lluvia
en la noche noche sin mañana.

El universo ha estado conmigo
incluso
todo
sin importar
nada

ni los muros sin puerta ni los caminos que morían en el abismo
ni los pies tan heridos de arrastrarlos por tierra solitaria
ni la grieta
del más ahogado grito
ni el temblor sin palabra posible
de la más exhausta lágrima.

Todo el tiempo
el universo tuvo su hombro junto a mi hombro
su mano a mi mano sin cesar aferrada
su luz
nombrándome, rodeándome, estrechándome, volviendo
cada día
desde estos ojos
en el espejo.


18 febrero 2018


*Imagen tomada de fineartamerica, en: https://fineartamerica.com/featured/wish-on-a-star-janelle-schneider.html

9 de febrero de 2018

Su Majestad Claribel

Ayer, en el MUNA, se llevó a cabo la recepción de las cenizas de Claribel Alegría: su Majestad Claribel I y única, su Majestad Claribud, como en algún momento ella misma se nombró, y como podía leerse en el propio banner del evento. Eso es tomarle la palabra a los autores.

Patricia Flakoll Alegría, hija de Claribel, dando sus palabras.

Fue una noche llena de poesía, emoción y anécdotas asombrosas y chistosas de Claribel. Y en el centro del escenario, una urna con sus cenizas, mezcladas con las de Bud. El amor de ellos dos, para mí ya no es legendario, sino mítico.
Yo la vi dos veces, y quisiera mostrar aquí una foto que tengo con ella, que René Figueroa me mandó, devolviéndome este recuerdo, el día que murió ella:


Esta es de 2010, creo que del lanzamiento de la Fundación Claribel Alegría.
Yo leí un par de mis poemas. No recuerdo si hablé con Claribel, pero saber que leí para ella y ver su expresión en esta foto... para mí son cosas grandes. Así las guardo.
Además, la antología que compilé de mi taller de poesía, Memorias de la Casa. 25 poetas, fue publicada, el año siguiente, por Índole Editores y la Fundación Claribel Alegría.
Claribel estuvo, y sé que va a seguir, con grande fuerza, con los escritores jóvenes del país. Con todo mundo, pues, que a todos nos quiso tanto.

Final de la Copa mundial de fútbol 2018

Cause we are this And also the other En este juego viste Enfrentados estos símbolos: Croacia, un país nuevo Sangrando una posguerra En...