19 de enero de 2018

Un soneto

Me encanta escribir en cafés

Para Carmen González Huguet

Busco un café para escribir un rato;
jugar, tal vez, el juego de un soneto.
Seré un extraño haciendo algo secreto
entre otros extraños; tal el trato
posible en un café. Y el viento es grato
en este que me encuentro. Me prometo
regresar otras veces, ser completo
parroquiano de aquí.
                                       Nada recato
—para usar una voz bella y antigua—
si digo que quisiera cada día
escribir con café o en un café.
Pero mi entrada sigue siendo exigua...
Mas, ¡carpe diem!, a hacer la melodía
con mi café de hoy, con buena fe.


19 de enero 2018
en el Mokafee, calle Chiltiupán

23 de diciembre de 2017

Solsticio

En la tarde, estaba chateando con una amiga, y cambiamos un par de líneas sobre el solsticio. Me despedí y me fui a escribir un rato. Hoy quería reescribir un poema de hace algunos años, que ya había andado reescribiendo en mi cabeza. Me senté y lo que resultó fue una prueba más de cómo nuestros textos, en apariencia sólo nuestros, en realidad muchísimas veces son escritos en colaboración.


YO CABALGO HACIA EL TIEMPO

Yo cabalgo hacia el tiempo por latidos confusos,
como tratando de salir de un agua helada;
tropezándome
a veces constelaciones apagadas.

No hay fuegos a los lejos, no hay brújula,
y todos los secretos de todas las atmósferas que todavía viven
aparecen un único secreto azul corazonable
temblando el cuenco puro de mis manos.

Aquí hay velocidad,
aquí hay preguntas,
hojas
amarillas cayendo como una tormenta.

Y sin embargo la rosa de la aurora
de pronto en este claro del bosque nace y crece.
Yo cabalgo, cabalgo, mas debo detenerme
ante el prodigio. Sencillamente, debo.

Y es el instante más lejano del bosque y del silencio.
Y es el instante en el extremo del viento del solsticio
en el que todo puede ser —acerco mi mano—
estrella o sombra.



Feliz solsticio de invierno.

12 de diciembre de 2017

Un premio para Carmen

La escritora salvadoreña
Carmen González Huguet
Carmen González Huguet acaba de ser declarada ganadora del XXXVII Premio Mundial Fernando Rielo de Poesía Mística. ¡Me siento muy feliz por ella! 
Primero, porque Carmen es una súper buena escritora. Y segundo, porque a ella le debo una parte importantísima de mi gusto y de mi formación literaria: ella compiló la poesía completa de Claudia Lars, que yo leí en bachillerato y que fue tan poderosa que me convirtió en hijo literario de Claudia Lars, con la que aprendí la parte técnica de la métrica, al haber incluido Carmen un estudio de métrica, completísimo y actualizado, en el tomo I de esa poesía completa. 
Así que para Carmen, felicitaciones y siempre gracias.
Comparto aquí la noticia, y concluyo mencionando la trayectoria de otros salvadoreños en este premio: David Escobar Galindo lo ganó en 2011 con su poemario Hombre hacia Dios (Editorial Dyckinson, Madrid, 2013) y Claudia Lorena Parada Turcios resultó finalista este año.

17 de noviembre de 2017

Astronautas y novísimos

Salvo el ambiente del Quijote, del Fausto Criollo y hasta de tu próximo libro (si eres autor), nada conozco que sea digno de una inmortalidad de renombre.
Jorge Luis Borges, Inquisiciones*


Este miércoles 15 se presentó Astronautas, máquinas y payasos (Índole Editores/Fundación Claribel Alegría. Colección Los de la Casa, volumen 8), de Emmanuel Pocasangre.
Tuve la oportunidad de ser el comentarista del libro, y fue una experiencia asombrosa ante la propuesta de Emmanuel: una exploración de diversos aspectos de la experiencia humana, como la dulzura del amor y también su oscuridad, la soledad en el mundo moderno, y la locura, expresados utilizando recursos (como el versículo como forma de verso y un desbordamiento de imágenes muy bien modulado) de grandes maestros de la poesía como Vicente Huidobro y Joaquín Pasos.
Un gusto enorme por ver completado el ciclo del libro de Emmanuel, el miembro más joven de nuestra generación de La Casa del Escritor, y también escucharlo y poder sentir que tomó la literatura... como un camino de vida.


Además, esta presentación me pone a pensar en algo que ya tiene un par de años sucediendo: nuestros escritores nacidos en los años 90 han comenzado a difundir su trabajo, y un muy buen trabajo.
Entre los novísimos cuyo trabajo conozco o a quienes ubico en el mapa, están Emmanuel, David Alejandro Córdova, Tania Orantes, Ana María Rivas, Marielos Monterrosa, Marcela Lemus Guinea, Karen Orellana Murcia, Stefanie Rodríguez, Diana Orantes, Tatiana Alemán, Moisés Alvarado, Stanley Luna, Dennis Ernesto, Pedro Romero Irula, Kevin Alejandro Rivera, Tito Balmore y Josué Andrés Moz, escritores de poesía, cuentos de diversos subgéneros, novela, ensayo y periodismo. (Y ellos por mencionar a los escritores que empiezan a sonar. Quien busca un poquito más o entra a trabajar con la gente joven en sus procesos de escritura, encuentra a muchos más, con buen material, y que están trabajando y quieren trabajar en serio).
Vladimir Amaya ya ha dado a conocer a algunos de ellos en su histórica antología de poesía salvadoreña Torre de Babel.
Hay estar muy pendiente de ellos, y apostarles, por supuesto, porque su trabajo, además de ser lo más más reciente de la literatura salvadoreña, representa las formas más nuevas, más frescas, más desafiantes, de sentir, interpretar y volver a imaginar nuestras vidas, nuestro país y nuestro mundo. Y el trabajo de la gente joven que con sus letras nos ayuda a esto, ¡lo vale!


Inquisiciones es el primer libro de ensayos de Borges, publicado a los 25 años.
** Fotografías de René Figueroa.

13 de noviembre de 2017

Una reflexión sobre la literatura salvadoreña


La literatura salvadoreña siempre ha hablado de nuestra esencia como seres humanos y de los grandes hechos históricos y las circunstancias sociales de nuestro país, y lo ha hecho, como toda buena literatura busca hacerlo, con intensidad, con pasión, con palabras desafiantes. Sin embargo, en muchísimos, en muchísimos demasiados casos, no ha llegado, y sigue sin llegar, a los lectores que buscan las palabras y viven las circunstancias de las que habla; y al no llegar a ellos, no ha podido hablarles de sí mismos, de sus propias vidas, y así ha parecido que sólo los escritores de otros lugares y épocas hablan de esto, y que los escritores salvadoreños no.
  Como lectores, con todo derecho podemos preguntarnos: ¿quién en El Salvador nos muestra, por medio de sus palabras, nuestra esencia como humanos, y nos recuerda quiénes somos en lo profundo? ¿Quién ha escrito o está escribiendo sobre lo que vivimos, sobre lo que vives tú que lees esto, en El Salvador, en el mundo, de hoy?
  Y: ¿son la esencia, el universo interior (la psique, las emociones, los sentimientos...) y las circunstancias temas excluyentes entre sí? Y: ¿cuáles son realmente El Salvador y el mundo de hoy? Y: ¿todo testimonio debe ser, necesariamente, retraumatizante, para quien lo escribe y para quien lo lee? ¿No puede ser liberador y humanizador al elaborarlo por medio del proceso de escritura literaria y al significar este proceso una experiencia estética (es decir una experiencia de sentir, de volver estas palabras artísticas, metafóricas, y no sólo catárticas) para quien lo escribe, y por lo tanto propiciar una experiencia estética para quien lo lee? Y también: ¿todo es destrucción en este momento? 
  Si los libros salvadoreños que nos hablan de esas cosas no circulan en las grandes librerías y nosotros sentimos sed por conocerlos, pues hay que movernos a las librerías pequeñas (donde sí se encuentran algunos de esos libros), a los sitios web, a las revistas virtuales, a las editoriales, a las páginas de Facebook donde se habla de estos temas; a los propios autores (que pueden mostrarnos su obra y contarnos de más personas que están escribiendo sobre estas cosas), y, por supuesto, con todo derecho hay que movernos a nuestras propias manos, para escribir sobre estas cosas, para escribir sobre esto nosotros.

Nota del 15 de noviembre
Para mayor información sobre temas como la producción literaria salvadoreña contemporánea, su difusión y su consumo, recomiendo la excelente investigación de Tania Pleitez Vela Literatura. Análisis de Situación de la expresión artística en El Salvador (Fundación Accesarte, 2012), que se puede descargar aquí.


*Imagen: pintura del artista salvadoreño El Aleph. Tomada de la página de Facebook del artista. Enlace aquí.

10 de octubre de 2017

Una tarde de poesía en la END

"Art" is part of the verb "to be" --as in "Thou art truly human". To be truly human, we all have the right to make art.   --Julia Cameron
El pasado sábado 7 di un taller de poesía en la Escuela Nacional de Danza Morena Celarié (me gustan mucho sus siglas: end, así, con minúscula) y quisiera escribir algunas de mis impresiones.
Primero que nada, fue un taller realmente singular, porque era para dos grupos de euritmia, arte educativo creado en el siglo pasado por el filósofo Rudolf Steiner, que en El Salvador, como menciono, se enseña y practica actualmente en la end. Los maestros,  Siebe Bloembergen y Ruth Martínez de Bloembergen, estaban organizando el taller para sensibilizar a los estudiantes sobre la poesía.
Luego había un gran desafío, al menos para mí: el primer grupo era el de los más pequeños: niños de entre 5 a 8 años. Yo nunca había trabajado la poesía con niños de esa edad, pero me animé, confiando que mi intuición completaría a mi experiencia y a mis conocimientos.
Y sí, la intuición, si confiamos en ella y hacemos todo el trabajo que esté en nuestras manos, no falla. 
Me había reunido con el maestro previamente para planear el taller, y combinando mis iniciativas y sus indicaciones, sucedió que me vi el sábado en la tarde haciendo poesía con los más chiquitos: presentándonos con cosas fantásticas que haríamos en la noche (pelear con dragones, jugar ajedrez con el gato...), riéndonos con la música de las vocales, bailando canciones-cuentos que yo aprendí hace años en los scouts, personificando objetos con sus cualidades a través de la voz, el cuerpo y los gestos. Y, con los grandes, tuvimos también la creación de poemas colectivos. Ejercicios y experiencias de los elemntos básicos de la poesía: el sonido, el ritmo y las ideas. Y por supuesto, de la esencia de la poesía: la creación.
Para mí fue una experiencia emocionante, que me dejó conmovido. Los niños que encontré eran sumamente afectuosos y creativos. Varios niños me abrazaron porque sí, y me dijeron que una de las niñas que más participó no suele hablar mucho en las clases. Entre los mayores (en el segundo grupo hubo adolescentes y adultos de diversos grupos de euritmia), encontré a personas muy desenvueltas, tranquilas y con seguridad de sí mismas. Era algo que se podía percibir. En un ejercicio de euritmia que dirigió el maestro, dialogábamos con una pareja por medio de hacer fuerza con las manos, y el actor con el que yo estaba me dijo en algún momento: "Hablá más", para indicarme que pusiera más fuerza, más presencia. Eso es educación emocional.
Es decir: fui a conocer, a presenciar y también a experimentar, un arte cuya practica permite autoconocimiento, conocimiento de los demás y desarrollo de emociones y capacidades. Me alegra muchísimo que este arte se esté enseñando en nuestro país.
Según los planteamientos de la educación artística contemporánea, en la escuela, en la materia de Educación Artística, deberíamos experimentar al menos dos artes, conocer dos dimensiones de experiencia estética, para tener una visión y una percepción amplia del arte, y potenciar nuestros procesos de humanización. Con la euritmia, descubrí un arte que combina de una manera sencilla y accesible a todos, la danza, la música, el canto, la actuación y la poesía. Y supe que las inscripciones para el curso 2018 son en enero, y que el requisito para participar es... ser humano y desear aprender, y que las artes nos siguen llevando, con sólo que nos permitamos intentarlas, muy profundo, muy alto, muy a ser felices. 

Un soneto

Me encanta escribir en cafés — Para Carmen González Huguet Busco un café para escribir un rato; jugar, tal vez, el juego de un soneto. ...