19 de febrero de 2017

Inicio del Cantar de los cantares

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El beso, de Gustav Klimt. (Detalle)

El Cantar de los cantares es un poema que me ha fascinado durante años, creo que desde que era adolescente. Dicho en palabras especializadas: ¡Es tan bonito!
Luego de leer distintas versiones, ensayo mi propio inicio:

Bésame con los besos de tu boca,
porque tu amor es más sabroso que el vino,
el olor de tus perfumes es exquisito,
tu nombre mismo es un perfume que se difunde.

El eco que la poesía deja en uno sobrepasa las explicaciones.

9 de febrero de 2017

Cultura 120

La Dirección de Publicaciones e Impresos presenta este mes el número 120 de su revista, Cultura. Vienen incluidos algunos nuevos poemas míos, y es un honor contarme entre sus páginas.
Cultura es la gran revista cultural del país, que difunde literatura nueva, y en general lo nuevo del arte salvadoreño, y pues, qué más decir, uno se alegra de ser publicado allí.
Como un plus para esta época de la revista, que gráficamente me gusta mucho, la DPI está haciendo videos promocionales de ella. Dejo aquí el de este número, y en también en Youtube se puede ver el promocional del número anterior, y de otros textos recientes de la editorial.
Y cierro con un comercial: la revista se puede adquirir en la tienda de la DPI en el Museo de Antropología.


28 de diciembre de 2016

La boda de Mónica


Hoy serví de testigo en la boda de mi amiga Mónica Echeverría, y quería escribir un poco sobre eso.
Fue la boda civil, y el abogado, también amigo de Mónica, le puso su estilo propio. Por ejemplo: no sé si sea parte del acto, pero dijo que los testigos, además de dar fe del acto legal, también eran personas que debían contarle a otros sobre la boda. Me gustó escuchar algo así. Me hizo sentir parte de una comunidad. Sentí que estaba en un rito, en algo profundo, y no sólo en un acto legal. 
Además, antes de leer el acta de matrimonio, el abogado concluyó sus palabras con "El arte del matrimonio", un decálogo escrito por Wilfred Peterson. Por cierto, hace una semana, una amiga que es abogada, me dijo que al final de los matrimonios que celebra lee "Sobre el matrimonio", el poema de Kalil Gibrán que forma parte de los discursos de su obra maestra El profeta. 
Alguna vez, de niño, había ido a una boda civil, pero el único recuerdo que guardaba era el de la fiesta. Ahora, sentado a un lado de los novios, del lado de la novia, frente a la muchacha que también servía de testigo, con el abogado diciendo todas esas cosas tan importantes que sellan algo en la vida, todos alrededor de una mesa con un mantel rojo y pétalos de rosa amarilla esparcidos sobre ella; ahora, digo, vi cómo es un matrimonio civil. Los novios se pusieron de pie y se tomaron las dos manos, y respondieron a la única pregunta del abogado con un Sí quiero, y luego se besaron. Y después, al sentarse, el novio preguntó si podían intercambiar anillos. Me sorprendió que la ceremonia en sí no lo incluyera. El abogado les dijo que sí. Y el esposo, mientras le ponía el anillo a la esposa, le dijo, como lo dice Kalil Gibrán en un cuento, un poema universal: le dijo palabras de amor, sencillas, comunes, que todo hombre le diría a toda mujer. Y después ella le puso a él el anillo, y le dijo su poema universal: palabras de amor que toda mujer le diría a todo hombre.
A Mónica la conocí en la universidad, en la UES de Santa Ana, hace más de diez años. Estudiamos juntos la Licenciatura en Letras, en ese antiguo plan que, según recuerdo en una descripción ya desaparecida que leí en internet, lo capacitaba a uno para ser investigador académico, bibliotecario, docente universitario y de tercer ciclo, asesor educativo, y hasta escritor, pero que en la práctica nadie sabía bien para qué servía, y con el cual toda la gente de mi generación que lo estudió tuvo que sacar cursos extra, pasarse varios años en el aire antes de encontrar un trabajo, o simplemente dedicarse a otra cosa. Un sueño bellísimo.
Con Mónica, entonces, compartí durante muchos años conversaciones, cafés, largas y temerosas jornadas de estudio (y por consiguiente más cafés), temporadas perdidas y arrasadas de estudiantes universitarios con sueños y búsquedas de aceptación y personalidades originalísimas y talentos extraordinarios; viajes, ahora incluso inverosímiles, a lugares y horas y gentes lejanos, lejanísimos; relatos de pérdidas y separaciones y muertes y destrucción; alegrías doradas, confidencias y chambres; libros queridos y detestados, textos propios y ajenos, ilusiones y desilusiones de jóvenes profesionales desempleados, el gusto por comer bien y cocinar sano y sabroso. Tantas historias, pues. (Mirá, Mónica, no es broma: ¡tenemos material para un libro!).
Realmente: al escribir el párrafo anterior se me vienen los recuerdos de esa época extraordinaria de mi vida, de ese montón de aventuras, y te digo, Mónica: Es bueno tener una amiga allí, en algún lugar. 
Y me siento feliz por vos, porque deseabas tener una pareja y un hogar y se te ha cumplido. Es tan chivo que a uno se le cumplan sus sueños del corazón. ¡Mis mejores deseos para vos!
Yo, por mi parte, cumplo con el deber que se me impuso de contarle a otros sobre la ceremonia de unión, sobre el símbolo de unidad, del que hoy fui testigo.

8 de noviembre de 2016

Se puede decir 31

Quiero celebrar mi cumpleaños 31 con un poema.
Comencé a escribir buscando decir algo, que terminó siendo un poema, "Carta de marzo". No es que eso sea lo primero que escribí, sino que comencé a escribir porque quería decir eso. Eso fue hace 15 años. En el último año, he vuelto sobre la historia que cuento allí, y ha resultado una serie que me gusta muchísimo. Hoy comparto mi poema favorito de esos nuevos.


Y no se puede decir

Y está de más decir que no volveré a jugar ajedrez contigo,
está de más decir
que no volveré a correr contigo por el parque del sábado en la tarde
con la alegría simple de correr de un muchacho.

Y está de más decir
que tu risa no será más compañera de mi risa,
de mi deseo como un atardecer con caballos de fuego,
mi deseo que no comprendo
de decirte a ti sola unas palabras para las que no encuentro palabras
en mi memoria ni en los diccionarios.

Está de más decir que buscar esas palabras
para dártelas como una flor
ya quedará de más.

Y está de más decirlo, por supuesto,
si te vas por las puertas doradas de la tarde
y en la última esquina antes del mundo de extrañarte
te das la vuelta aún
y me das un adiós vivo y alegre,
un adiós como jugando a ondear el gesto del adiós
en la frontera del horizonte azul alto y dorado de una última tarde.

Está de más decir que no volveré a jugar ajedrez contigo,
que no volveré a reírme y a correr contigo por el parque,
que no podré decirte lo que buscaba decirte
entre piezas blancas y negras;
que no podré decirte algo que busqué por mucho cielo
pero que no encontré en ningún lugar,
ni los sonidos ni los trazos ni el momento
para saber cómo se dice.

Despedirse es lo único que aquí no está de más,
despedirse en la puerta de la última tarde de un verano
en el que uno ha sido
sencillamente
feliz.
Aunque con estas palabras uno no pueda, no pueda
uno vaya caminando por las calles del final del verano
con el tacto tan largo de tu abrazo en los brazos
y el eco de tu voz que me ha dicho “Te quiero”
como una canción dorada en el oído
y no pueda decirlo.

7 de agosto de 2016

Suprema arte poética

Haz lo más hermoso que te inspire
tu sabiduría y tu poder.

LAS MIL Y UNA NOCHES, "Historia de Aladino y la lámpara maravillosa"

30 de junio de 2016

Compartir la poesía en Boston

Del 2 al 7 de mayo pasado, participé, invitado por la Universidad de Massachusetts en Boston y la Organización Internacional Nueva Acrópolis, en la Semana de Escritores Hispanoamericanos (Hispanic Writers Week, HWW), evento educativo y literario organizado anualmente por dicha universidad.
La HWW desarrolla talleres de escritura creativa durante una semana con estudiantes de origen hispano en escuelas públicas de Boston. El proyecto tiene dos grandes objetivos: enseñar a los estudiantes a utilizar la escritura como una herramienta para la comunicación y para la resolución de conflictos, y ponerlos en contacto con su cultura de origen.
Para impartir los talleres se invita a escritores de diversos países de América Latina. Este año participamos enseñando Daisy Novoa Vásquez, de Chile/Ecuador, Daly Sepúlveda, de Puerto Rico, Rafael Toriz e Iván Uriel, ambos de México, y este servidor, de El Salvador.
Yo fui asignado a la East Boston High School. El barrio de East Boston, que queda frente al centro de Boston, con la bahía de Massachusetts por medio, es el hogar, allá fui a enterarme de esto, de una gran comunidad de salvadoreños, tanto así que, para mi sorpresa, la mayoría de los alumnos de esta escuela eran salvadoreños.

Uno de los dos grupos del taller en la East Boston High School. A la izquierda, el profesor de la clase, Carlos Lassus, gran conocedor de literatura y de retórica. Al centro, Alba de Rodríguez, cónsul de El Salvador en Boston.
Mi idea primera idea en un taller es desarrollar la apreciación literaria: que las personas, luego de leer, escuchar y escribir en el taller, tengan una visión de la literatura como algo comprensible, hermoso e importante en la vida común y corriente. Para lograr esto con los estudiantes, mostré, y practicamos cada día, tres pasos o recomendaciones básicas para leer poesía: 1. leer según el corte de verso, ya que, como si fuera una partitura, la manera en la que está escrito el poema contiene las indicaciones de cómo su autor quería que sonara y se dijera; 2. usar la imaginación y los sentidos, para percibir la historia y las imágenes del poema lo más vívidamente posible; y 3. primero sentir, después entender. Sobre esto último, lo esencial con la poesía es lo que nos hace sentir, lo que nos transmite y provoca. Las interpretaciones, análisis y cualquier otra operación intelectual, según mi punto de vista, son opcionales, y deben, si se quieren hacer, ser dejadas para después del momento de sentir.

Escuchando leer (quien leía no salió en la foto).
Explicando a quien preguntaba.
Así fue que cada día, con dos grupos de alumnos, empezamos leyendo poemas de autores como Francisco Luis Bernárdez, con su inigualable “Estar enamorado”, Pablo Neruda, Sandra Cisneros, Sandra Aguilar, y otros, tanto clásicos como contemporáneos. Los resultados de esta práctica se vieron al escuchar a los estudiantes haciendo los cortes, por muy extraños que fueran, de forma muy fluida, al escucharlos describir y detallar diversas imágenes explícitas o sugeridas, y al escuchar comentarios como el de una alumna que dijo: “No entiendo del todo este verso, pero este me dice algo”. Allí está el inicio de la lectura exitosa, es decir la que se disfruta, de la poesía.
Y luego, en la parte de escribir, trabajamos con ejercicios como la escritura automática, el poema colectivo, el acróstico y, por supuesto, la escritura y corrección de poemas propios. Aquí salían a la luz las historias de vida de los alumnos, y sus perspectivas de extranjeros en un país que tratan de comprender y al cual tratan de integrarse. Ellos contaban en sus poemas el día que se despidieron de su familia, hablaban del extrañar, y también de sentirse extraños en una realidad muchas veces adversa. Conversé con estudiantes de San Vicente, de Metapán, de Apopa, que me decían que habían llegado hacía cuatro, seis, nueve años. “No sabía yo podía escribir esto”, “No sabía que yo podía decir esto” fueron de los comentarios de los alumnos acerca de sus textos al final del taller.
Escogí cuatro poemas para que fueran incluidos en la antología del evento, y sus autores los leyeron en el acto de clausura. Uno de los alumnos era un muchacho de San Vicente, que había escrito sobre la indecisión. Él era de los que no sabían que podían escribir. Asistió al evento con su madre, y ambos se fueron emocionados. Ocasiones así, lo digo por experiencia propia, son pequeñas confirmaciones de nuestro potencial, de que somos capaces de hacer cosas buenas y valiosas.
Quisiera hablar de muchas cosas más del evento y del viaje: las conversaciones que tuve con voluntarios, organizadores y escritores; los escritores a quienes escuché leer; los paisajes que vi; lo que pensé, las muchísimas cosas que pensé durante el viaje y durante los días siguientes (y en realidad estos son aún los días siguientes); mis impresiones. Espero hablar de algo de todo eso más adelante.

Poniendo un tendedero poético junto a miembros de Nueva Acrópolis para invitar a la Noche Salvadoreña de la HWW.
Noche Salvadoreña: lectura en el consulado de El Salvador en Boston.
Nota de la poeta Daisy Novoa Vásquez sobre la Hispanic Writers Week, en El Planeta, periódico hispano de Boston.
Mientras tanto, sé que fue muy importante conversar durante una semana con estudiantes de América Latina que también son inmigrantes. Conversar, compartir literatura, mostrarles posibilidades de expresión, y sobre todo, escucharlos. Tras haber estado allí, me pregunto: ¿cómo sería nuestra sociedad si el arte, el arte verdadero y profundo, ocupara un lugar frecuente en la vida de más personas? ¿Cómo sería si más personas supieran que pueden, y cómo pueden, decir lo que sienten y piensan, incluso si es sólo para sí mismas, y tuvieran, al tener frente a sí las palabras de sus pensamientos y sentimientos, más posibilidades (o también: que tuvieran posibilidades), de orientarse y elegir cómo actuar en una situación dada? Me alegró, por medio de este evento, ayudar a responder a estas preguntas de manera práctica. A seguir trabajando para averiguarlo.
Más información de la Hispanic Writers Week se puede encontrar en https://www.umb.edu/ilt/programs/hispanic_writers_week 

3 de abril de 2016

Sobre las ciudades

Night umbrellas, de Leonid Afremov

Leo en el periódico de hoy una opinión de la escritora Julia Navarro sobre las ciudades. En lo personal, me gusta visitar de vez en cuando la ciudad, y me encanta andar por las ciudades, la ciudad en la que estoy o alguna ciudad de paso, cuando tengo oportunidad de viajar. Me gusta la sensación de que todo es nuevo y también la sensación de anonimato. Puedo ver todo con detenimiento; tengo mucho tiempo y muchas ocasiones para apreciar y para pensar. Pero también está el otro lado de las ciudades, que yo también veo y del que habla Navarro: "(...) es una ciudad muy individualista y creo que las ciudades cada vez lo son más. Cada persona va a lo suyo y la única preocupación es triunfar. Una situación que crea individualismo, poca empatía y gente solitaria. (...) me horroriza pensar en ese tipo de sociedad".
Las ciudades tienen belleza y asombro, pero también, entre otras cosas no tan hermosas, demasiado aislamiento, o tal vez, demasiada búsqueda de cosas no esenciales. (No considero negativo lo no esencial, sino el exceso de la producción y búsqueda de cosas no esenciales). ¿Necesariamente debe ser así?