26 de marzo de 2017

Un lugar


La literatura es un lugar para intercambiar sueños, un lugar para expresar sentimientos de comunión.

J. M. G. Le Clézio
Premio Nobel de Literatura de 2008

*Imagen: Noche estrellada sobre el Ródano, de Van Gogh.

19 de marzo de 2017

Madrugada

Me despierto de madrugada. Ayer sábado, me acosté muy cansado; la semana, entre viajar, un taller de redacción de artículos científicos en inglés, preparar la clase del sábado, ser jurado en la defensa de un trabajo de grado, alistar las cosas para el día siguiente, fue intensa.
   Pero no tengo sueño. Me estoy acostumbrando, voy dándome cuenta, a levantarme temprano. Y después de todo, no es tan temprano. 
   Ya no me vuelvo a dormir, o me duermo y no me doy cuenta, y decido levantarme. El cielo ya comienza a aclarar. Salgo al patio, entre el viento de este enero que parece marzo, y hay media luna, en menguante, en lo alto.

15 de marzo de 2017

Diez líneas

Esta semana he estado en un taller para escribir artículos científicos en inglés. Una recomendación para mejorar las habilidades de redacción fue escribir un párrafo al día. (Aparte, por supuesto, de leer literatura en inglés y textos científicos en inglés).
   Alguna vez, antes, había pensado en lo de escribir diez líneas diarias. Sin duda, eso sirve para practicar, para soltar mano. Recuerdo que en Los hermanos Karamazov, Iván Karamazov publica todos los días en un periódico una sección de "sueltos": diez líneas para contar un hecho ocurrido en la calle, una impresión, un pensamiento.
   Y también, como otro ejemplo de práctica y avance por medio de unidades breves, la escritura estadounidense Julia Cameron, en su libro genial The Right to Write, cuenta el caso de un amigo. Él es profesor de redacción en una universidad y quería escribir una novela, pero aducía que su único tiempo libre era mientras sus estudiantes escribían en clase. "Pues escribe tu novela mientras ellos escriben", le dijo ella. "Una novela está hecha de capítulos, y los capítulos están hechos de párrafos ¿no? Escribe un párrafo mientras tus estudiantes escriben". No son sus palabras literales, pero esa fue la indicación, y según cuenta la autora, el amigo tomó la sugerencia, y escribió su novela.
   Ahora, si aquí intento algo así, al menos para probar, hay que definir el largo de esas diez líneas: ¿diez líneas de Word en Times 12, diez líneas del espacio que da Blogger si uno escribe la entrada directamente aquí, o diez líneas de la entrada ya publicada? Mmm... Me decido por diez líneas de la entrada ya publicada.
   Aunque por hoy, como se puede ver, me emocioné, y al pensar por escrito sobre esto usé más de las diez líneas. A ver cómo sale después.

19 de febrero de 2017

Inicio del Cantar de los cantares

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El beso, de Gustav Klimt. (Detalle)

El Cantar de los cantares es un poema que me ha fascinado durante años, creo que desde que era adolescente. Dicho en palabras especializadas: ¡Es tan bonito!
     Luego de leer distintas versiones, ensayo mi propio inicio:

Bésame con los besos de tu boca,
porque tu amor es más sabroso que el vino,
el olor de tus perfumes es exquisito,
tu nombre mismo es un perfume que se difunde.

     El eco que la poesía deja en nosotros sobrepasa las explicaciones.

9 de febrero de 2017

Cultura 120

La Dirección de Publicaciones e Impresos presenta este mes el número 120 de su revista, Cultura. Vienen incluidos algunos nuevos poemas míos, y es un honor contarme entre sus páginas.
     Cultura es la gran revista cultural del país, que difunde literatura nueva, y en general lo nuevo del arte salvadoreño, y pues, qué más decir, uno se alegra de ser publicado allí.
     Como un plus para esta época de la revista, que gráficamente me gusta mucho, la DPI está haciendo videos promocionales de ella. Dejo aquí el de este número, y en también en Youtube se puede ver el promocional del número anterior, y de otros textos recientes de la editorial.
     Y cierro con un comercial: la revista se puede adquirir en la tienda de la DPI en el Museo de Antropología.


28 de diciembre de 2016

La boda de Mónica


Hoy serví de testigo en la boda de mi amiga Mónica Echeverría, y quería escribir un poco sobre eso.
     Fue la boda civil, y el abogado, también amigo de Mónica, le puso su estilo propio. Por ejemplo: no sé si sea parte del acto, pero dijo que los testigos, además de dar fe del acto legal, también eran personas que debían contarle a otros sobre la boda. Me gustó escuchar algo así. Me hizo sentir parte de una comunidad. Sentí que estaba en un rito, en algo profundo, y no sólo en un acto legal. 
     Además, antes de leer el acta de matrimonio, el abogado concluyó sus palabras con "El arte del matrimonio", un decálogo escrito por Wilfred Peterson. Por cierto, hace una semana, una amiga que es abogada, me dijo que al final de los matrimonios que celebra lee "Sobre el matrimonio", el poema de Kalil Gibrán que forma parte de los discursos de su obra maestra El profeta. 
     Alguna vez, de niño, había ido a una boda civil, pero el único recuerdo que guardaba era el de la fiesta. Ahora, sentado a un lado de los novios, del lado de la novia, frente a la muchacha que también servía de testigo, con el abogado diciendo todas esas cosas tan importantes que sellan algo en la vida, todos alrededor de una mesa con un mantel rojo y pétalos de rosa amarilla esparcidos sobre ella; ahora, digo, vi cómo es un matrimonio civil. Los novios se pusieron de pie y se tomaron las dos manos, y respondieron a la única pregunta del abogado con un Sí quiero, y luego se besaron. Y después, al sentarse, el novio preguntó si podían intercambiar anillos. Me sorprendió que la ceremonia en sí no lo incluyera. El abogado les dijo que sí. Y el esposo, mientras le ponía el anillo a la esposa, le dijo, como lo dice Kalil Gibrán en un cuento, un poema universal: le dijo palabras de amor, sencillas, comunes, que todo hombre le diría a toda mujer. Y después ella le puso a él el anillo, y le dijo su poema universal: palabras de amor que toda mujer le diría a todo hombre.
     A Mónica la conocí en la universidad, en la UES de Santa Ana, hace más de diez años. Estudiamos juntos la Licenciatura en Letras, en ese antiguo plan que, según recuerdo en una descripción ya desaparecida que leí en internet, lo capacitaba a uno para ser investigador académico, bibliotecario, docente universitario y de tercer ciclo, asesor educativo, y hasta escritor, pero que en la práctica nadie sabía bien para qué servía, y con el cual toda la gente de mi generación que lo estudió tuvo que sacar cursos extra, pasarse varios años en el aire antes de encontrar un trabajo, o simplemente dedicarse a otra cosa. Un sueño bellísimo.
     Con Mónica, entonces, compartí durante muchos años conversaciones, cafés, largas y temerosas jornadas de estudio (y por consiguiente más cafés), temporadas perdidas y arrasadas de estudiantes universitarios con sueños y búsquedas de aceptación y personalidades originalísimas y talentos extraordinarios; viajes, ahora incluso inverosímiles, a lugares y horas y gentes lejanos, lejanísimos; relatos de pérdidas y separaciones y muertes y destrucción; alegrías doradas, confidencias y chambres; libros queridos y detestados, textos propios y ajenos, ilusiones y desilusiones de jóvenes profesionales desempleados, el gusto por comer bien y cocinar sano y sabroso. Tantas historias, pues. (Mirá, Mónica, no es broma: ¡tenemos material para un libro!).
     Realmente: al escribir el párrafo anterior se me vienen los recuerdos de esa época extraordinaria de mi vida, de ese montón de aventuras, y te digo, Mónica: Es bueno tener una amiga allí, en algún lugar. 
     Y me siento feliz por vos, porque deseabas tener una pareja y un hogar y se te ha cumplido. Es tan chivo que a uno se le cumplan sus sueños del corazón. ¡Mis mejores deseos para vos!
     Yo, por mi parte, cumplo con el deber que se me impuso de contarle a otros sobre la ceremonia de unión, sobre el símbolo de unidad, del que hoy fui testigo.

8 de noviembre de 2016

Se puede decir 31

Quiero celebrar mi cumpleaños 31 con un poema.
Comencé a escribir buscando decir algo, que terminó siendo un poema, "Carta de marzo". No es que eso sea lo primero que escribí, sino que comencé a escribir porque quería decir eso. Eso fue hace 15 años. En el último año, he vuelto sobre la historia que cuento allí, y ha resultado una serie que me gusta muchísimo. Hoy comparto mi poema favorito de esos nuevos.


Y no se puede decir

Y está de más decir que no volveré a jugar ajedrez contigo,
está de más decir
que no volveré a correr contigo por el parque del sábado en la tarde
con la alegría simple de correr de un muchacho.

Y está de más decir
que tu risa no será más compañera de mi risa,
de mi deseo como un atardecer con caballos de fuego,
mi deseo que no comprendo
de decirte a ti sola unas palabras para las que no encuentro palabras
en mi memoria ni en los diccionarios.

Está de más decir que buscar esas palabras
para dártelas como una flor
ya quedará de más.

Y está de más decirlo, por supuesto,
si te vas por las puertas doradas de la tarde
y en la última esquina antes del mundo de extrañarte
te das la vuelta aún
y me das un adiós vivo y alegre,
un adiós como jugando a ondear el gesto del adiós
en la frontera del horizonte azul alto y dorado de una última tarde.

Está de más decir que no volveré a jugar ajedrez contigo,
que no volveré a reírme y a correr contigo por el parque,
que no podré decirte lo que buscaba decirte
entre piezas blancas y negras;
que no podré decirte algo que busqué por mucho cielo
pero que no encontré en ningún lugar,
ni los sonidos ni los trazos ni el momento
para saber cómo se dice.

Despedirse es lo único que aquí no está de más,
despedirse en la puerta de la última tarde de un verano
en el que uno ha sido
sencillamente
feliz.
Aunque con estas palabras uno no pueda, no pueda
uno vaya caminando por las calles del final del verano
con el tacto tan largo de tu abrazo en los brazos
y el eco de tu voz que me ha dicho “Te quiero”
como una canción dorada en el oído
y no pueda decirlo.

Un lugar

La literatura es un lugar para intercambiar sueños, un lugar para expresar sentimientos de comunión. J. M. G. Le Clézio Premio N...