Poemas


UNO DICE

Uno dice neblinas, sabe sueños,
oye luces lejanas desde mañanas verdes,
sabe cielos quemados hacia viento y caballos,
pronuncia mariposas de vidrio y lo que entiende,
lo que cree que entiende del país de su sombra
y lo poco que sabe y lo mucho que siente;
confundiendo palabras con relámpagos negros
que germinan y escapan y no dicen y queman,
que le queman la boca, las pupilas a uno,
que es uno y los que han sido y los que vienen
y no saben que uno no los sabe ni un poco,
aunque nazcan de uno y de sus muertes.

Uno surge huracanes con los dedos
cuando hay lluvia en el mundo y uno llueve.
Uno sabe que saben las palabras
una vida distinta de paredes,
que ya eran sin uno,
que fueron porque uno las habitó de hélices
y que van a quedar cuando uno,
aunque uno no quiera,
no quede.

Uno tiene silencios de fuego.
Uno quiere decir y no puede.
Uno ocurre el Abismo.
Eso es todo.
Uno dice y no entiende.
Eso duele.

Pero eso no importa.

Uno dice.
Eso es suficiente.



CARTA DE MARZO

Hoy que se marchen todas las hojas de este marzo
tal vez pueda decirte estas palabras ciegas.
Hoy, cuando partan todas las calles y las alas,
cuando tus alas partan y tú partas con ellas.

Este verano tuvo la luz de mil veranos
y tuvo los crepúsculos más largos de la tierra.
Y el nombre del verano fue el mismo nombre tuyo.
Y este verano tuvo tu claridad de estrella.

Hoy que se quemen todas las hojas de este marzo
y me quede en las manos la luz de sus hogueras,
te diré que ya nunca será igual el ocaso,
que nunca será el mismo verano sin tus huellas.

Me queda tu alegría de luz volando en risas
en jardines de tarde que han cerrado sus puertas.
La canción que escribimos para volver el tiempo
y el eco de tu abrazo diciendo adiós me quedan.

Diré que este verano duró lo suficiente
para incendiar los días del tiempo con luciérnagas.
Diré cuánto te quiero. Me coseré en el alma
cenizas que me extingan cuando ya no te quiera.

Hoy que ya vuelan todas las hojas de este marzo
va naciendo con lámparas la ciudad de tu ausencia.
Y hacia la tarde arrojo caballos de silencio
y lanzo al horizonte estas palabras ciegas.



YO CABALGO HACIA EL TIEMPO

Yo cabalgo hacia el tiempo por latidos confusos,
como tratando de salir de un agua helada;
tropezándome
a veces constelaciones apagadas.

No hay fuegos a los lejos, no hay brújula,
y todos los secretos de todas las atmósferas que todavía viven
aparecen un único secreto azul corazonable
temblando el cuenco puro de mis manos.

Aquí hay velocidad,
aquí hay preguntas,
hojas
amarillas cayendo como una tormenta.

Y sin embargo la rosa de la aurora
de pronto en este claro del bosque nace y crece.
Yo cabalgo, cabalgo, mas debo detenerme
ante el prodigio. Sencillamente, debo.

Y es el instante más lejano del bosque y del silencio.
Y es el instante en el extremo del viento del solsticio
en el que todo puede ser —acerco mi mano—
estrella o sombra.



SI NO BUSCO AL AMOR

Algo completamente nuevo
puede surgir en estos versos
si dejo a las palabras que ellas abran
las puertas del sonido.

Si antes de recorrer el campo blanco
con estos surcos de la tinta negros
toco por un instante, un sólo instante,
el tiempo donde nada tiene nombre,
el agua de silencio de la que surgen
nuestros rostros
y los rostros
de las estrellas mismas.

Algo completamente nuevo
puede iniciar así. Algo como encontrar
ahora aquí, entre la multitud,
un rostro hermoso, humanamente hermoso, 
y abrir la flor del corazón por él.

Como ver sin fronteras a esos ojos
y decir sin palabras nuestra rosa.
Como hallar las palabras necesarias.
Como llegar al sí,
al rostro,
al beso.

Esto es algo completamente único
en el universo.

Y esto puede surgir de nuestras voces,
esto puede ocurrir por nuestras manos
si el ritmo, si ese extraño himno gigante
es el que guía, si no somos nosotros
los que cantan, sino que las palabras
son quienes nos pronuncian
por entero
y nos devuelven a ser, una vez más,
como al inicio de nosotros mismos:
música.

Algo completamente nuevo
puede ocurrir por esta voz que se me ha dado
si no busco al amor, sino que dejo
que él me encuentre, que él me cree nuevo
igual que el sol del amanecer crea a una rosa.

Que las palabras inicien el tiempo
si nos dejamos ocurrir en música.
Que las palabras inicien el tiempo
si no busco al amor, si sólo dejo...



AL FINAL DE UN CAMINO DE VELITAS

Piensa en los caminos iluminados de la noche,
como este camino
trazado con pequeñas velas
que va desde la puerta del salón con lámparas y conversaciones y música
hasta la noche,
hasta la grande y misteriosa y tejedora de anhelos y secretos
noche
llena del viento de las estrellas.

Piensa en los pasos que podrían recorrer ese camino.
Piensa en tus pasos tal vez, piensa en los míos.
Nuestros pasos dibujados por esas luces pequeñas,
por el tiempo
de este prodigioso pasillo.

Y piensa en unas palabras.
Palabras como una flor
puesta en tu pelo.
Palabras
como una abierta, roja rosa
puesta entre tus manos
por una voz que la pronuncia.

Palabras
Pasos volando en lentitud
este sendero. Piensa
en ese camino de pequeñas velas
que va desde aquel salón,
desde aquella
elegante fiesta,
hasta un jardín de la noche
donde las estrellas viven.

Y en este mundo en que ahora,
frente a tus ojos,
te miro
—hay estrellas cuyo espacio de infinito con palabras no puede ser dicho—
y te pregunto.

Autobiografía 1

Esta semana terminé de escribir mi primera autobiografía. La hice como parte de las prácticas básicas de escritura que Julia Cameron sugiere...