30 de junio de 2016

Compartir la poesía en Boston

Del 2 al 7 de mayo pasado, participé, invitado por la Universidad de Massachusetts en Boston y la Organización Internacional Nueva Acrópolis, en la Semana de Escritores Hispanoamericanos (Hispanic Writers Week, HWW), evento educativo y literario organizado anualmente por dicha universidad.
La HWW desarrolla talleres de escritura creativa durante una semana con estudiantes de origen hispano en escuelas públicas de Boston. El proyecto tiene dos grandes objetivos: enseñar a los estudiantes a utilizar la escritura como una herramienta para la comunicación y para la resolución de conflictos, y ponerlos en contacto con su cultura de origen.
Para impartir los talleres se invita a escritores de diversos países de América Latina. Este año participamos enseñando Daisy Novoa Vásquez, de Chile/Ecuador, Daly Sepúlveda, de Puerto Rico, Rafael Toriz e Iván Uriel, ambos de México, y este servidor, de El Salvador.
Yo fui asignado a la East Boston High School. El barrio de East Boston, que queda frente al centro de Boston, con la bahía de Massachusetts por medio, es el hogar, allá fui a enterarme de esto, de una gran comunidad de salvadoreños, tanto así que, para mi sorpresa, la mayoría de los alumnos de esta escuela eran salvadoreños.

Uno de los dos grupos del taller en la East Boston High School. A la izquierda, el profesor de la clase, Carlos Lassus, gran conocedor de literatura y de retórica. Al centro, Alba de Rodríguez, cónsul de El Salvador en Boston.
Mi idea primera idea en un taller es desarrollar la apreciación literaria: que las personas, luego de leer, escuchar y escribir en el taller, tengan una visión de la literatura como algo comprensible, hermoso e importante en la vida común y corriente. Para lograr esto con los estudiantes, mostré, y practicamos cada día, tres pasos o recomendaciones básicas para leer poesía: 1. leer según el corte de verso, ya que, como si fuera una partitura, la manera en la que está escrito el poema contiene las indicaciones de cómo su autor quería que sonara y se dijera; 2. usar la imaginación y los sentidos, para percibir la historia y las imágenes del poema lo más vívidamente posible; y 3. primero sentir, después entender. Sobre esto último, lo esencial con la poesía es lo que nos hace sentir, lo que nos transmite y provoca. Las interpretaciones, análisis y cualquier otra operación intelectual, según mi punto de vista, son opcionales, y deben, si se quieren hacer, ser dejadas para después del momento de sentir.

Escuchando leer (quien leía no salió en la foto).
Explicando a quien preguntaba.
Así fue que cada día, con dos grupos de alumnos, empezamos leyendo poemas de autores como Francisco Luis Bernárdez, con su inigualable “Estar enamorado”, Pablo Neruda, Sandra Cisneros, Sandra Aguilar, y otros, tanto clásicos como contemporáneos. Los resultados de esta práctica se vieron al escuchar a los estudiantes haciendo los cortes, por muy extraños que fueran, de forma muy fluida, al escucharlos describir y detallar diversas imágenes explícitas o sugeridas, y al escuchar comentarios como el de una alumna que dijo: “No entiendo del todo este verso, pero este me dice algo”. Allí está el inicio de la lectura exitosa, es decir la que se disfruta, de la poesía.
Y luego, en la parte de escribir, trabajamos con ejercicios como la escritura automática, el poema colectivo, el acróstico y, por supuesto, la escritura y corrección de poemas propios. Aquí salían a la luz las historias de vida de los alumnos, y sus perspectivas de extranjeros en un país que tratan de comprender y al cual tratan de integrarse. Ellos contaban en sus poemas el día que se despidieron de su familia, hablaban del extrañar, y también de sentirse extraños en una realidad muchas veces adversa. Conversé con estudiantes de San Vicente, de Metapán, de Apopa, que me decían que habían llegado hacía cuatro, seis, nueve años. “No sabía yo podía escribir esto”, “No sabía que yo podía decir esto” fueron de los comentarios de los alumnos acerca de sus textos al final del taller.
Escogí cuatro poemas para que fueran incluidos en la antología del evento, y sus autores los leyeron en el acto de clausura. Uno de los alumnos era un muchacho de San Vicente, que había escrito sobre la indecisión. Él era de los que no sabían que podían escribir. Asistió al evento con su madre, y ambos se fueron emocionados. Ocasiones así, lo digo por experiencia propia, son pequeñas confirmaciones de nuestro potencial, de que somos capaces de hacer cosas buenas y valiosas.
Quisiera hablar de muchas cosas más del evento y del viaje: las conversaciones que tuve con voluntarios, organizadores y escritores; los escritores a quienes escuché leer; los paisajes que vi; lo que pensé, las muchísimas cosas que pensé durante el viaje y durante los días siguientes (y en realidad estos son aún los días siguientes); mis impresiones. Espero hablar de algo de todo eso más adelante.

Poniendo un tendedero poético junto a miembros de Nueva Acrópolis para invitar a la Noche Salvadoreña de la HWW.
Noche Salvadoreña: lectura en el consulado de El Salvador en Boston.
Nota de la poeta Daisy Novoa Vásquez sobre la Hispanic Writers Week, en El Planeta, periódico hispano de Boston.
Mientras tanto, sé que fue muy importante conversar durante una semana con estudiantes de América Latina que también son inmigrantes. Conversar, compartir literatura, mostrarles posibilidades de expresión, y sobre todo, escucharlos. Tras haber estado allí, me pregunto: ¿cómo sería nuestra sociedad si el arte, el arte verdadero y profundo, ocupara un lugar frecuente en la vida de más personas? ¿Cómo sería si más personas supieran que pueden, y cómo pueden, decir lo que sienten y piensan, incluso si es sólo para sí mismas, y tuvieran, al tener frente a sí las palabras de sus pensamientos y sentimientos, más posibilidades (o también: que tuvieran posibilidades), de orientarse y elegir cómo actuar en una situación dada? Me alegró, por medio de este evento, ayudar a responder a estas preguntas de manera práctica. A seguir trabajando para averiguarlo.
Más información de la Hispanic Writers Week se puede encontrar en https://www.umb.edu/ilt/programs/hispanic_writers_week 

Sobrepasa

La poesía  sobrepasa la literatura. —Vladimir Amaya *Imagen: La gran ola , de Hokusai.